Cada vez es más habitual que las empresas dispongan de más de una conexión a Internet. Esto puede ser por necesidad de mayor velocidad, por mejorar la disponibilidad del servicio o simplemente por contar con una conexión de respaldo.
En estos entornos, el sistema decide automáticamente por qué conexión sale cada acceso a Internet, repartiendo el tráfico entre las distintas opciones disponibles. Sobre el papel, esto es una ventaja clara. En la práctica, no siempre lo es.
El problema: aplicaciones que no están preparadas
No todas las aplicaciones están pensadas para funcionar en entornos con varias direcciones de salida a Internet. Esto ocurre especialmente en aplicaciones antiguas o desarrolladas hace años.
Cuando esto sucede, pueden aparecer comportamientos como:
- Cierres de sesión sin motivo aparente.
- La aplicación funciona unas veces sí y otras no.
- Errores al cambiar de pantalla o al realizar una acción.
- En modo incógnito parece funcionar mejor que en uso normal.
Este tipo de incidencias suelen ser difíciles de identificar porque no se producen siempre.
¿Qué está pasando realmente?
Muchas aplicaciones utilizan la dirección de origen del usuario como parte de su control interno de seguridad o de sesión.
Si durante una misma conexión esa dirección cambia, la aplicación interpreta que algo no es correcto y rompe la sesión o bloquea el acceso.
Cuando existen varias salidas a Internet activas, este cambio puede producirse sin que el usuario haga nada: simplemente el sistema decide usar otra conexión disponible.
No todas las formas de repartir el tráfico se comportan igual
Existen distintas formas de gestionar varias conexiones a Internet.
Algunos sistemas reparten el tráfico de forma constante entre todas las conexiones. Otros utilizan una conexión principal y solo recurren a la segunda cuando la primera se acerca a su límite o cuando detectan picos de uso. A este enfoque se le suele llamar spillover.
Ambos métodos tienen sentido, pero su impacto sobre las aplicaciones no es el mismo.
Cuando el problema se vuelve más difícil de detectar
En los sistemas que solo cambian de conexión de forma puntual, los problemas suelen ser intermitentes:
- La aplicación funciona correctamente la mayor parte del tiempo.
- Los errores aparecen solo en momentos de mayor carga.
- Unos usuarios se ven afectados y otros no.
- Es complicado reproducir el fallo cuando se intenta analizar.
Esto provoca una sensación muy habitual:
“A veces falla, pero no sabemos por qué”.
En estos casos, el origen del problema suele pasar desapercibido durante mucho tiempo.
¿Balancear no siempre es la mejor opción?
Repartir el tráfico entre varias conexiones tiene ventajas evidentes, pero no garantiza que una aplicación use siempre la misma salida a Internet.
Para aplicaciones modernas esto no suele ser un problema, pero para otras puede convertirse en un bloqueo constante. En estos casos, insistir en repartir el tráfico automáticamente termina generando más incidencias que beneficios.
Un paso más: Sticky Connections para mantener las sesiones
Además de las estrategias básicas de reparto de tráfico, algunos equipos de red incluyen una opción conocida como Sticky Connections (conexiones “pegajosas”). Esta función permite que, una vez que una sesión comienza saliendo por una determinada conexión a Internet, todo el tráfico asociado a esa sesión siga utilizando siempre la misma salida durante un periodo de tiempo definido.
De este modo, aunque el sistema esté repartiendo el tráfico o reaccionando a picos de uso, la dirección de salida no cambia a mitad de la sesión, lo que reduce significativamente los problemas en aplicaciones sensibles a este tipo de variaciones.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que no todos los fabricantes ni todos los modelos o configuraciones ofrecen esta posibilidad. En algunos casos la opción no existe, en otros es limitada, y en otros solo funciona bajo determinadas condiciones. Esto hace que no siempre sea posible resolver el problema únicamente con este mecanismo.
Cuando Sticky Connections no está disponible o no se adapta al caso concreto, la única alternativa viable suele ser forzar manualmente una salida fija para la aplicación afectada, aceptando el compromiso entre estabilidad y disponibilidad que esto conlleva.
La solución práctica: forzar una salida concreta
Una solución habitual consiste en obligar a que determinadas aplicaciones o páginas web salgan siempre por la misma conexión a Internet.
De esta forma:
- La dirección de origen no cambia.
- La sesión se mantiene estable.
- La aplicación vuelve a funcionar con normalidad.
Esta solución suele ser sencilla de aplicar y muy efectiva en el día a día.
El compromiso: estabilidad frente a disponibilidad total
Forzar una única salida implica aceptar un compromiso claro:
- Se gana estabilidad y previsibilidad.
- Se reducen errores y llamadas de soporte.
- Pero si esa conexión concreta falla, el servicio puede quedar temporalmente inaccesible.
En muchos casos, este compromiso es perfectamente asumible, ya que una aplicación que falla de forma intermitente suele ser más problemática que una que, en caso extremo, deja de estar disponible.
Entonces…
Tener varias conexiones a Internet es una gran ventaja, pero no todas las aplicaciones están preparadas para este escenario.
Además, algunas estrategias de reparto pueden ocultar el problema al hacerlo aparecer solo en determinadas circunstancias, lo que complica su detección.
Identificar estas situaciones y adaptar la configuración no es un error ni un parche, sino una decisión técnica consciente, orientada a garantizar que las aplicaciones funcionen de forma estable y predecible.
Como casi siempre en tecnología, la clave no está en aplicar todas las funciones disponibles, sino en utilizarlas con criterio según las necesidades reales del negocio. ¿cuales son las tuyas?
